La selección, la Copa Confederaciones y las armas de doble filo
Viernes, 11 Julio, 2008 23:19 Fútbol
Son cosas extrañas, impensables en España porque era pura entelequia si quiera imaginar que la selección fuera capaz de lograr una Eurocopa. Pero ahora, en calidad de campeona de Europa, el conjunto nacional tiene que asumir su rol y como tal participar el próximo mes de junio en la Copa Confederaciones de la FIFA, que se celebrará durante dos semanas en Sudáfrica, escenario, si no se tuercen las cosas, de la cita mundialista de 2012.
Esta participación, a parte de modificar el calendario, porque la final de Copa que se iba a disputar en junio se adelanta al mes de mayo, se torna en un arma de doble filo para el nuevo seleccionador, que según apuntan todos los medios de comunicación será Vicente del Bosque. Y me explico. Al bueno de Del Bosque, por decir el que más suena, se le va a venir encima en menos de un año uno de esos torneos que te pueden confirmar arriba o hundirte en el más serio de los fracasos, algo parecido a lo que suele ser para los equipos europeos el Mundialito de Clubes. Digamos que hay una molesta obligación de cómo mínimo llegar a las instancias finales de un torneo que realmente si lo ganas te aporta muy poco.
España se medirá ante Brasil, campeón de la Copa de América, Egipto, campeón de la Copa de África, Iraq, campeón de la Copa de Asia, Estados Unidos, campeón de la Copa de Oro, Sudáfrica, en calidad de equipo anfitrión e Italia, como campeona del mundo. A estas siete selecciones se les unirá una octava, la que salga victoria de la Copa de Naciones de Oceanía, teniendo Nueva Zelanda todos los visos para ello.
Habrá dos grupos de cuatro y los dos primeros de cada cuadro se cruzarán en las semifinales. A España no se le puede exigir ganar sí o sí a Brasil o Italia, pero en cambio muy pocos comprenderían quedarse apeados de las semifinales de este ensayo de Mundial por caer ante conjuntos inferiores como Estados Unidos, Egipto o Iraq. Son partidos pues, verdaderamente peligrosos para la selección, aunque también una oportunidad de oro para que el nuevo técnico reivindique su estilo ganando un título internacional ante dos grandes superpotencias.
Por todo ello, esta Copa Confederaciones, que nos garantizará fútbol del bueno en la segunda quincena de junio de 2009, se convierte en una especie de oportunidad para triunfar o fracasar en lo que respecta al nuevo seleccionador, que tiene el listón extremadamente alto después de la exhibición del equipo de Luis en Austria. Ganar supondría liberar al nuevo inquilino del banquillo de la sombra del pasado y concederle crédito sólido cara al Mundial. Caer en la fase de grupos implicaría un serio palo y provocaría tremenda inestabilidad en el entorno de la selección. Pues eso, un arma de doble filo, aunque muy atractiva y, en el caso de los españoles, exóticas.