
Jueves 19 de junio. Estadio St. Jakob Park de Basilea. Sobre las 22.35 horas, Portugal queda eliminada de la Eurocopa ante la habitual contundencia de Alemania y olvida el sueño que comenzó 4 años antes en su competición, en casa, que cerró con amargura perdiendo en la final con la irreconocible Grecia de Otto Rehhagel.
Todavía empapado en el sudor de la derrota, el llamado a ser indiscutible protagonista de la competición, Cristiano Ronaldo, era incapaz de guardar ni un día de duelo, ni unas horas de respeto por la caída futbolística de su país, y anunciaba ante los medios que desea fichar por el Real Madrid, que hay muchas posibilidades, pero que no depende de él.
Deportivamente pocas dudas puede haber de él. Discutir que es el mejor jugador del momento es inútil. Acaba de ganar la durísima Premier League y la Champions League con el Manchester United, añadiendo además unos registros goleadores individuales demoledores. Sin embargo, esa característica, el individualismo, amenaza con dejar su carrera a medio camino; no sería el primero ni el último, ¿verdad Ronaldinho Gaúcho?
Es imposible que con todo el desorden mediático que desde hace meses hay a sus espaldas un jugador de su fama y repercusión pública pueda estar concentrado al cien por cien. Ya existía en Inglaterra eso que los tópicos del fútbol denominan run run señalándole como un futbolista espectacular que no rinde en los partidos decisivos. Puede ser una opinión subjetiva, y que desde luego debe juzgarse con perspectiva, no por la inmediatez de un partido. Pero lo que sí es cierto e innegable es que Cristiano no fue desequilibrante en la semifinal europea ante el FC Barcelona, ni mucho menos en la final ante el Chelsea, ni por supuesto en la Eurocopa que ya ha terminado para él. Los permanentes rumores sobre su fichaje por el Real Madrid, alimentados por sus palabras y también por sus silencios, le pueden estar pasando factura.
La decisión que tiene que tomar Ronaldo va más allá del club en el que quiere jugar. Si el Madrid paga 80 ó 90 millones de euros, el United los acepta, y él quiere cambiar, no hay más que hablar, todos contentos. Con lo que realmente se juega su futuro el portugués es con la opción que tome a partir de ahora, si realmente quiere ser futbolista, formar parte de un grupo y hacer historia, o bien si decide ser una estrella del pop, pensar sólo en sí mismo, obviar los valores colectivos que el caprichoso fútbol siempre ha recompensado y no mirar nunca hacia atrás. Creo que la ilusión con la que Alex Ferguson y Roy Keane volvían en el verano de 2003 en un avión de Lisboa tras enfrentarse al Sporting, hablando de que había que fichar “sí o sí” a aquel chaval que llevaba el número 17 y que les había vuelto locos, merecería que Cristiano se parase a pensar unos minutos. La ilusión de Ramón Calderón en recibirlo será similar, por supuesto, pero los vestuarios de España no son los de la Premier…
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